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Vino sin alcohol

24 agosto, 2015

vino sin alcohol

El “vino sin alcohol” es una bebida proveniente del vino del que se ha quitado prácticamente todo su contenido alcohólico mediante diferentes procesos mecánicos. Debe tener una cantidad inferior a 1º alcohólico. No confundir con mosto o vinos de baja graduación, son bebidas diferentes. En el mundo del vino, sería el equivalente actual a una cerveza sin alcohol.

Su elaboración es compleja y puede realizarse mediante diferentes técnicas. La más utilizada es la de origen australiano y utiliza una columna de cono rotatorio que va separando los diferentes componentes del vino a una temperatura de 20-25ºC. Primero se separan los aromas del resto de componentes. El siguiente paso es separar el alcohol (nunca se elimina del todo, siempre queda un remanente que suele rondar los 0,3 – 0,5º) y, una vez hecho esto, se vuelven a añadir los aromas anteriormente extraídos en la bebida. Esta es la técnica más utilizada, pues es la que permite conservar más y mejor las características organolépticas del “vino”. Otra técnica igual de “respetuosa” pero mucho más costosa es la destilación al vacío, pero precisamente por este alto coste es poco utilizada. También se puede hacer por evaporación de este alcohol (de hecho, esta es la técnica original de este proceso), pero eso sí que ya no es nada respetuoso con el producto original y, por ello, no se suele utilizar.
Se puede elaborar “vino sin alcohol” a partir de cualquier variedad de uva, llegándose a producir incluso espumosos sin alcohol.

Sin embargo, tenemos que tener en cuenta varios aspectos. Primero de todo, legalmente no es correcto denominar a esta bebida “vino sin alcohol” o “vino desalcoholizado”. Debe llamarse “bebida desalcoholizada“, pues para poder denominarse “vino” debe tener, por ley, una graduación mínima de 9º. A nivel nutricional, esta bebida sin alcohol no tiene nada que ver con cualquier vino: contiene aproximadamente un tercio de la aportación energética del vino, cero proteínas y, eso sí, tampoco contiene grasa. Pero es a nivel organoléptico donde están las mayores diferencias. Cuando catas un “vino sin alcohol” das cuenta de sus carencias, sobre todo a nivel de aromas y sabores. El color se ve realmente poco afectado por el proceso, pero el hecho de manipular de manera excesiva el vino hace que éste quede vacío, sin alma, sin personalidad. Ni siquiera tiene la “chispa” que podemos encontrar en un mosto. El resultado suele ser insípido y excesivamente plano, tanto en nariz como en boca. Aguado y “soso”.

El “vino sin alcohol” está recibiendo impulso sobre todo por la insistencia de un par de bodegas grandes que van creando la “moda” sobre la marcha (lo que decimos siempre de si realmente es la gente que crea la demanda o viceversa). Ahora bien, si yo fuera una persona no consumidora de bebidas alcohólicas, dudo que pidiera un “vino sin alcohol”. Creo que hay muchos otros productos mucho más cualitativos organolépticamente hablando que podrían satisfacer mis necesidades, empezando por el mosto y terminando por otros zumos de fruta naturales, que mantienen el 100% de nutrientes y propiedades positivas para el organismo, sin hablar evidentemente de aromas y sabores.

Yo soy alérgico a las pipas. Es un trauma que arrastro de la infancia. No puedo comer pipas, ni peladas ni sin pelar. Soy alérgico a la grasa de estas semillas. ¿Hay que sacar al mercado unas pipas que hayan pasado un proceso biomecánico mediante el cual se haya eliminado esa grasa? Para mí, no es necesario que lo hagan. Ya me he acostumbrado a mirar el fútbol ingiriendo otros productos igual de “sanos” y que no me provocan daño. Eso sí, seguiré siendo el rarito del grupo … 😉

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