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Origen y secretos del vermut

2 marzo, 2015

Vermut

Últimamente, cada vez es mayor el consumo y demanda de vermut en los establecimientos hosteleros en España. Pero… ¿Cuál es el origen de esta bebida “tan popular”?

Se conoce que en la época griega, Hipócrates, como médico, ya recetaba tomar vino con maceración de diferentes hierbas para combatir el reumatismo y otras enfermedades. Incluso los egipcios también fortificaban los vinos; no obstante, no fue hasta s. XVI cuando un monje alemán le añade el ajenjo, anomenatwermut, dotándole del nombre actual.

Como siempre, los italianos, grandes negociantes, hacen su adaptación de la receta alemana y lanzan al mercado su vermut; convirtiéndose la localidad de Turín en la capital y gran productora de esta bebida en Europa.

Así, en el s. XVIII, nace la primera receta semi industrial con nombre propio, Antonio Carpano. A comienzos del siglo XIX, don Cinzano abre la primera tienda de vermut y en 1847 aparece la que, actualmente, es la marca más conocida en el mundo: Martini & Rossi.

A escala nacional, Reus y Barcelona se disputaban el liderazgo en la elaboración del vermut en Cataluña, alzándose con el primer puesto la primera de las dos ciudades catalanas. A su vez, Tarragona, Falset o Batea también se han ganado un hueco en esta industria gracias a sus recetas secretas que le otorgan al vermut un gusto excepcional.

Hasta 1978, el vermut siempre se había vendido a granel, pero a finales de la década de los 70, comienza a embotellarse y se registra un descenso de la venta paulatino. La costumbre de ir a la bodega a llenar las garrafas de vermut se comienza a perder y se da paso a que las marcas más conocidas y especialmente las extranjeras encabecen el mercado.

Con el paso del tiempo, el vermut ha evolucionado adaptándose al gusto de consumidor y convirtiéndose en la bebida por excelencia en la hora del aperitivo. Gracias al renacer de este producto, el vermut ha recobrado el reconocimiento perdido en los últimos años… Ahora solo falta que ocurra lo mismo con los vinos rancios y el vino de Jerez. ¡Los tres grandes olvidados!